lunes, 17 de agosto de 2020

Jorge Luis Borges

"Dos personas me han hecho la misma pregunta: ¿para qué sirve la poesía? Y yo les he dicho: bueno, ¿para qué sirve la muerte? ¿para qué sirve el sabor del café? ¿para qué sirve el universo? ¿para qué sirvo yo? ¿para qué servimos? Qué cosa más rara que se pregunte eso, ¿no?" 

Jorge Luis Borges

martes, 28 de julio de 2020

Cesare Pavese

Cesare Pavese

 “Io comincio a fare poesia quando la partita è perduta”


"Empiezo a hacer poesía cuando he perdido la partida"


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"Un libro sólo nace al producirse la intersección entre una obsesión y la forma específica que le corresponde. No hay libro previo a ese encuentro ni lo hay, en un sentido estricto, después, ya que todo lo que precede a ese momento es imperfecto por necesidad y todo lo que lo sigue es más perfecto que necesario."


jueves, 22 de marzo de 2018

jueves, 8 de marzo de 2018

Ángela Guardione - Nuestro secreto (cuento)



Nuestro secreto

Yo lo quería a Juan. El año pasado fue el último que compartimos juntos el cole. Como su casa queda en frente al patio de la escuela, cada mediodía intentaba llegar a la una en punto para encontrármelo cruzando la calle. En algún momento él me miraba, yo siempre lo estaba mirando.

Era septiembre. Juan y sus compañeros organizaban el viaje de egresados. Como la fiesta era en la escuela, yo tenía permiso para ir. En general no salía. Mis amigas sí salían, ya iban a bailar; pero mi mamá, como estaba sola, no me dejaba. La fiesta empezó a la tardecita. Enseguida ubiqué a Juan que estaba ayudando con las bebidas, iba mesa por mesa tomando pedidos y entregando grandes vasos llenos de cerveza y no sé qué otra cosa. Él tenía una remera azul con su nombre. Yo estaba con mis amigas. Cuando llegó el momento de ir a bailar lo único que hacía era buscar con la mirada a Juan. Por un momento lo perdí entre todas las remeras azules hasta que de repente escuché: Hola, ¿querés bailar conmigo?

Fue como un sueño, era la primera vez que lo tenía tan cerca. Cuando toqué sus manos las sentí calentitas y suaves. Bailamos cinco canciones. Después me invitó a que nos alejáramos y lo seguí sin dudar. Caminamos hacia el patio, el que da a su casa, nos sentamos en el banco debajo del plátano y me dijo que le gustaba mucho. Después nos dimos un beso.

A partir de esa noche siempre que podía me encontraba con Juan. Él me mandaba a decir con algún compañero que a la salida de la escuela nos podíamos ver en su casa. Yo empujaba la puerta celeste del portón y él me estaba esperando. Me hacía un gesto de silencio poniendo el dedo índice sobre sus labios, me daba la mano y me llevaba por una escalera caracol a un pequeño cuarto en el primer piso. Era su lugar, decía. Y en ese lugar yo sentía que nada malo me podía pasar.

Yo inventaba mil excusas cuando llegaba tarde a mi casa. Las excusas siempre tenían que ver con tareas para la escuela. Los encuentros con Juan eran nuestro secreto.

El año terminaba y estaba triste porque no lo iba a ver más. O si lo seguía viendo cada tanto, ya no iba a ser lo mismo. Esa tristeza hizo que sienta cosas extrañas en el cuerpo. La comida no me gustaba como antes. Tenía ganas de dormir y cuando dormía soñaba con él.

Las clases habían terminado, también había pasado Navidad. Un día mi mamá decidió llevarme al médico. Me hicieron varias preguntas y hasta me sacaron sangre. Después fuimos a otra doctora. Ahí ella entró sola y yo tuve que esperar. Cuando salió me dijo que teníamos que hablar;  no voy a olvidar nunca la expresión de mi mamá. Era de noche y estábamos solas en casa, como siempre. Nos sentamos a cenar, ella parecía incómoda, entendí que algo estaba pasando. Me explicó que algún día se lo iba a agradecer; que muchas veces las historias familiares se repiten pero esta vez no, porque ella quería lo mejor para mí. Creí saber lo que estaba ocurriendo pero no pude decir nada.

Nuestra relación cambió a partir de ese día. Mamá estaba incómoda, podía notarlo. No quise preguntar nada más pero seguí pensando. Una tarde se me ocurrió por primera vez que podríamos llegar adonde estamos ahora.

Es un consultorio oscuro y frío que contrasta con el clima caliente y el colorido típico de este momento del año. Mis pensamientos se escapan por la única ventana que se ve por la puerta entreabierta del baño. Pienso que en el verano la gente está más alegre y por eso usa colores en su ropa. Dicen que el negro atrae más el calor, eso no lo entiendo. Tengo trece años, quizás cuando sea más grande lo voy a entender. Acá hay una hilera de sillas con tapizado verde y patas de hierro, son cómodas. También hay un escritorio de madera con una agenda, una lapicera y un teléfono que no suena. Mi mamá tiene un rosario en las manos. Por momentos me mira de una manera extraña y, sin romper el silencio, hace un gesto que se parece a una sonrisa. Eso tampoco lo entiendo, quizás cuando sea más grande lo voy a entender.

Ángela Guardione

miércoles, 10 de enero de 2018

Patricia Fadón



Los alambrados

Hay un camino
donde el pasto es más corto 
desemboca acá
en estos pequeños árboles
que algún día con suerte serán grandes.

Luego el alambrado marcando el límite
y más allá del alambrado
el paisaje sin árboles cambia
constantemente
aunque se trate de plantas
es como si el maniobrar de los hombres
apurara a la naturaleza
pareciera que no le dan descanso.

A veces la tierra desnuda
revuelta untada
con algo que no huele bien
luego las plantitas asoman ya hechas
porque la semilla en otro lado germinó
las riegan, las cubren
matan los insectos con pulverizador
sostienen las plantas con ramas derechas y
a veces las cubren con túneles blancos
perfectos, para protegerlas del frío y la helada.

Hacia la derecha, tras el otro alambrado
todo es diferente
desde hace algún tiempo
a esa tierra no se le ha hecho nada
ningún ser humano camina nunca por ahí
ni siquiera podría hacerlo porque la naturaleza
ha crecido sin ninguna intervención
y en ese crecer natural los cardos
son ahora lo que más abunda.
 
En este momento del año
donde el invierno está en todo su apogeo
las siluetas flacas pinchudas
y grises de los cardos se alzan  
como vigilantes en toda la extensión del terreno
reinado de cuises, perdices
liebres, lechuzas y otros bichos
ahí la tierra descansa, encierra misterio
contagia tranquilidad.

martes, 9 de enero de 2018

Vanesa Marullo




Mi corazón
bombea palabras                    
mente revuelta
de
​s​prende ideas
algunas   estallan
contra el rígido suelo
pero otras   vuelan
caprichosas, impulsivas
alto      
vuelan


* * * * *


La equilibrista

Buscando armonía entre
corazón y mente
vaivén de emociones
dos fuerzas
de misma intensidad
anulan y compensan                 
haciendo foco
para no caer
en el abismo




* * * * *


Pensamientos zumbidos
no me dejan dormir
giro  y  giro
intento evadirlos
parecen insignificantes

no quiero apagarlos
pero aturden, confunden
se imponen
y zumban
retumban

imposible dormir

* * * * *




Crece
se desarrolla
y yo me  desarrollo
junto a ella
sus movimientos brotan
tenues
intensos
danza en mi interior
su corazón vibra
vibramos
somos armonía
juntas


* * * * *


Me abrigo
en mi capullo
aguardo  activamente
la transformación
imperceptible
inmensa


cambiar
para no perecer
forjar  alas
para no caer


volar
más allá
de la forma
anterior


Textos del libro "Poesía en acuarela" (2017)

Luciana Inda


Pero hay mucha belleza al costado del camino

Cuando ella le dijo que estaba harta de su egoísmo, que era un cobarde y que no veía ni un milímetro más allá de su propio ombligo, él le contestó que tenían que brindar por algo, al menos, y se metió en la cocina, para volver con una botella de vodka y una Mirinda de naranja.

—    ¿Ah sí? ¿Por qué querés brindar?
—    Por las ballenas de Puerto Madryn. Podría ser por eso.
—    Yo no tengo nada por qué brindar.
—    Brindemos entonces por el año dos mil veinte.
—     
—    Por los fuegos artificiales?

Ella dio el primer trago. Luego bajó la cabeza para sostenérsela con las manos. Él le corrió el pelo que le caía sobre sus ojos, con tanta ternura, que ella deseó poder brindar, poder pensar en las ballenas. Pero no pudo. Había guardado tanto en el compartimento de “cosas para olvidar” , que ya no había lugar para más nada. El egoísmo, la cobardía, el no ver ni un milímetro más allá de su propio ombligo, se habían corrido irrevocablemente al compartimento de “cosas para decir” .

—      No sé por qué sos así.
—      ¿Soy así? Por qué, no sé.

Tal vez, si pudiera reciclar y redistribuir el dolor, pensó. Un poco en cada compartimento, un poquito en cada uno, y así poder brindar. Pero no podía. Recordó la letra de una canción que solo hablaba de brindar. Era de una banda que se jactaba de conocer pero que, tal como la canción y tal como tanta otra gente, no aportaban realmente nada a su vida, más que un saludo ocasional de viernes o sábados por la noche. Pensó que si fuera eliminando esta clase de personas de su vida no quedaría casi nadie. Tomó otros cuatro tragos de vodka con Mirinda.

— Tenés razón —dijo él de golpe, mirando hacia el piso. Y ella tuvo un súbito estado de alegría. Tal vez sólo por el placer de que le dieran la razón, tal vez también por descubrir que había otro ser humano en la habitación.
—¿Y?!

Él la miró apenas y no respondió.

—      ¿Y entonces?!
—      ¿Y entonces qué?
—      Me dijiste que yo tengo razón. ¿Y entonces?
—      Y entonces nada.
—      ¿Y entonces nada ?!!

Él se encogió de hombros.

—      Voy a servir más, ¿vos querés?!

Ahora fue ella la que se encogió de hombros, y volvió a sostenerse la cabeza con las manos. Quince minutos de silencio.

—      Quisiera que volvamos ahora, ir hasta mi casa y que te lleves todas tus cosas. ¿O hay algo que me quieras decir?
—      No, las cosas ahora no.

Un hilo de esperanza se tensó adentro de su cuerpo, pero era milimétrico.

—      ¿Hay algo más que me quieras decir?

Él movió la cabeza de izquierda a derecha y de derecha a izquierda varias veces. Y los no silenciosos eran peores que los hablados. El silencio es siempre mucho peor, siempre más profundo. Parecido al perro que ladra no muerde, el ruido tiene algo de superficial y transitorio, contra lo definitivo del silencio. Ella era como un perro que ladra, y él, uno que muerde.

—      Perro que ladra no muerde.

Él no le contestó y le acarició los hombros y la cara y la abrazó. Entonces ella sintió que estaba a punto de estallar. ¿Era posible estallar por falta de alegría?  Una alquimia rápida e irrevocable: no le quedaba ni un pedacito de sí misma que no estuviera destrozado, para que pudiera instalarse la felicidad.


Antes de volver a la ciudad fueron hasta la playa y estacionaron el auto de trompa al mar. Estaba amaneciendo y el cielo hacía sus exhibiciones. Por primera vez, el mar no lograba ser tan fastuoso ni tan inmenso como para poder olvidarse de si misma. De pronto, como salido de la neblina matinal, un auto viejo, un Citroen Ami 8, color celeste, se estacionó al lado, también de trompa al mar. Adentro había una chica; creía ella la chica más tranquilamente hermosa que había visto nunca, y su bebé.

Tal vez no era realmente su bebé. Podía ser su hermano, su sobrino, su ahijado... pero estaba bien pensar que así era. Él bebé tenía una remera a rayas de colores y lloraba. La chica lo sacó de la sillita, lo sentó a upa y, mientras le señalaba hacia el mar, empezaron a conversar.

Mientras miraba todo esto ella se preguntaba por qué pensaba que lo que estaba viendo parecía tener mucho más sentido que lo que ella misma estaba haciendo. Aunque vagamente, también pensó en el silencio, y en los perros que ladran. Y entonces escuchó que la chica le decía a su bebé: ...pero hay mucha belleza al costado del camino... y el bebé dejaba de llorar, y ella también dejaba.




Luciana Inda (inédito)

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Teresa Parodi canta poesías (disco "Todo lo que tengo" )



Porque ha salido el sol (Pablo Neruda)

Estoy muerto,
estoy asesinado:
pero estoy naciendo
con la primavera.
Porque ha salido el sol
Aquí tengo una hoja,
una oreja, un susurro,
un pensamiento:
voy a vivir otra vez,
porque ha salido el sol.
Porque ha salido el sol


domingo, 3 de septiembre de 2017

Cuchi Leguzamon - Zamba de Juan Panadero




Zamba de Juan Panadero (Cuchi Leguizamón, Manuel J. Castilla)

Qué lindo que yo me acuerde
de Don Juan Riera cantando
que así le gustaba al hombre
lo nombren de vez en cuando

Panadero Don Juan Riera
con el lucero amasaba
y daba esa flor de trigo
como quien entrega el alma

Cómo le iban a robar
ni queriendo a Don Juan Riera
si a los pobres les dejaba
de noche la puerta abierta

A veces hacía jugando
un pan de palomas blancas
Harina su corazón,
al cielo se le volaba

Por su amistad en el vino
sin voz queriendo cantaba
Y a su canción como al pan
la iban salando sus lagrimas

viernes, 18 de agosto de 2017

Aldo Pellegrini



Se llama poesía todo aquello que cierra la puerta a los imbéciles

La poesía tiene una puerta herméticamente cerrada para los imbéciles, abierta de par en par para los inocentes. No es una puerta cerrada con llave o con cerrojo, pero su estructura es tal que, por más esfuerzos que hagan los imbéciles, no pueden abrirla, mientras cede a la sola presencia de los inocentes. Nada hay más opuesto a la imbecilidad que la inocencia. La característica del imbécil es su aspiración sistemática de cierto orden de poder. El inocente, en cambio, se niega a ejercer el poder porque los tiene todos.

Por supuesto, es el pueblo el poseedor potencial de la suprema actitud poética: la inocencia. Y en el pueblo, aquellos que sienten la coerción del poder como un dolor. El inocente, conscientemente o no, se mueve en un mundo de valores (el amor, en primer término), el imbécil se mueve en un mundo en el cual el único valor está dado por el ejercicio del poder.

Los imbéciles buscan el poder en cualquier forma de autoridad: el dinero en primer término, y toda la estructura del estado, desde el poder de los gobernantes hasta el microscópico, pero corrosivo y siniestro poder de los burócratas, desde el poder de la iglesia hasta el poder del periodismo, desde el poder de los banqueros hasta el poder que dan las leyes. Toda esa suma de poder está organizada contra la poesía.

Como la poesía significa libertad, significa afirmación del hombre auténtico, del hombre que intenta realizarse, indudablemente tiene cierto prestigio ante los imbéciles. Es ese mundo falsificado y artificial que ellos construyen, los imbéciles necesitan artículos de lujo: cortinados, bibelots, joyería, y algo así como la poesía. En esa poesía que ellos usan, la palabra y la imagen se convierten en elementos decorativos, y de ese modo se destruye su poder de incandescencia. Así se crea la llamada "poesía oficial", poesía de lentejuelas, poesía que suena a hueco.

La poesía no es más que esa violenta necesidad de afirmar su ser que impulsa al hombre. Se opone a la voluntad de no ser que guía a las multitudes domesticadas, y se opone a la voluntad de ser en los otros que se manifiesta en quienes ejercen el poder.

Los imbéciles viven en un mundo artificial y falso: basados en el poder que se puede ejercer sobre otros, niegan la rotunda realidad de lo humano, a la que sustituyen por esquemas huecos. El mundo del poder es un mundo vacío de sentido, fuera de la realidad. El poeta busca en la palabra no un modo de expresarse sino un modo de participar en la realidad misma. Recurre a la palabra, pero busca en ella su valor originario, la magia del momento de la creación del verbo, momento en que no era un signo, sino parte de la realidad misma. El poeta mediante el verbo no expresa la realidad sino participa de ella misma.

La puerta de la poesía no tiene llave ni cerrojo: se defiende por su calidad de incandescencia. Sólo los inocentes, que tienen el hábito del fuego purificador, que tienen dedos ardientes, pueden abrir esa puerta y por ella penetran en la realidad. La poesía pretende cumplir la tarea de que este mundo no sea sólo habitable para los imbéciles.

Aldo Pellegrini


Publicado en Poesía = Poesía Nº 9 Agosto de 1961, Buenos Aires

martes, 25 de julio de 2017

La lluvia borra la maldad y lava todas las heridas de tu alma...


Y deberás plantar
y ver así a la flor nacer
y deberás crear
si quieres ver a tu tierra en paz
el sol empuja con su luz
el cielo brilla renovando la vida
y deberás amar
amar, amar hasta morir
y deberás crecer
sabiendo reír y llorar
la lluvia borra la maldad
y lava todas las heridas de tu alma
de tí saldrá la luz
tan sólo así serás feliz
y deberás luchar
si quieres descubrir la fe
la lluvia borra la maldad
y lava todas las heridas de tu alma
este agua lleva en sí
la fuerza del fuego
la voz que responde por tí
por mí...
y esto será siempre así
quedándote o yéndote.

viernes, 10 de marzo de 2017

Nahilí Jarcovsky



Las mujeres, las mujercitas

Las mujeres, las mujercitas, las señoras, las señoritas, las niñas, las niñitas,
las damas, las damitas, las doñas, las doñitas, las cholas, las cholitas,
las madres, las no madres, las hijas, las abuelas, las bebés, las chicuelas,
las amigas, las parientes, las pequeñas, las crecidas, las compañeras, las conocidas,
las trans, las solteras, las lesbianas, las casadas, las putas, las divorciadas,
las gordas, las flaquitas, las sencillas, las coquetas, las chatas, las con tetas,
las tímidas, las rebeldes, las brujas, las religiosas, las arrugadas, las pecosas,
las ciudadanas, las campesinas, las estudiantes, las recibidas, las zarpadas, las reprimidas,
las negras, las mulatas, las indias, las nativas, las libres, las cautivas,
las mestizas, las mezcladas, las morenas, las tostadas, las blanquitas, las lavadas,
las laburantes, las militantes, las activistas, las feministas, las amas de casa, las artistas,
las creadoras, las rupturistas, las saludables, las enfermadas, las maestras, las amaestradas,
las viejas bien, las sindicales, las vecinas, las presidentas, Caperucita y la Cenicienta,
las residentes, las disidentes, las sonrientes, las sin dientes, las indigentes, las diferentes,
las hippies, las derechosas, las de izquierda, las del centro, las de afuera, las de adentro,
las muy-muy, las tan-tan, las no-se-qué, las más-o-menos, las siempre-no, las dale-bueno,
las a llorar cuando duela, las a reír cuando guste, las a gritar cuando asuste,
las inmigrantes, las emigrantes, las viajeras, las caseras, las oriundas, las extranjeras,
las arraigadas, las desterradas, las entregadas, las enterradas, las ignoradas, las desechadas,
las coloridas, las discretas, las atrevidas, las recatadas, las queridas, las maltratadas,
las curtidas, las suavecitas, las seguidas, las perseguidas, las explotadas, las reducidas,
las locas, las alocadas, las dormilonas, las desveladas, las felices, las violadas,
las presas, las presionadas, las ganadoras, las perdidas, las vencedoras, las vencidas,
las dudosas, las decididas, las luchadoras, las sometidas, las vivas, las fallecidas,
las que dicen, las que escuchan, las que sienten, las que vibran, las que hacen, las que piensan, las que huelen, las que miran,
las que no saben, las que no entienden, las que no deben, las que no quieren, las que no tienen, las que no pueden,
las que imaginan, las que vuelan, las que guardan, las que aprietan, las que sueñan, las que esperan,
las que vinieron, las que vendrán, las que se fueron, las que volverán, las que estamos, las que no están,
las todas para una, las una para todas,
yo, vos, ella, nosotras, ustedes y aquellas.
Todas con todo en todas,
todas en todo con todas,
todas todas todas,
todas,
todas,
todas,
siempre, por siempre y para siempre
debajo del mismo sol.

Nahilí Jarcovsky - 8 de Marzo de 2017

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Gioconda Belli















LOS PORTADORES DE SUEÑOS

En todas las profecías

está escrita la destrucción del mundo.

Todas las profecías cuentan
que el hombre creará su propia destrucción.


Pero los siglos y la vida
que siempre se renueva
engendraron también una generación
de amadores y soñadores,
hombres y mujeres que no soñaron
con la destrucción del mundo,
sino con la construcción del mundo
de las mariposas y los ruiseñores.


Desde pequeños venían marcados por el amor.
Detrás de su apariencia cotidiana
Guardaban la ternura y el sol de medianoche.
Las madres los encontraban llorando
por un pájaro muerto
y más tarde también los encontraron a muchos
muertos como pájaros.
Estos seres cohabitaron con mujeres traslúcidas
y las dejaron preñadas de miel y de hijos verdecidos
por un invierno de caricias.
Así fue como proliferaron en el mundo los portadores de sueños,
atacados ferozmente por los portadores de profecías habladoras
de catástrofes.
Los llamaron ilusos, románticos, pensadores de utopías
dijeron que sus palabras eran viejas
y, en efecto, lo eran porque la memoria del paraíso es antigua
el corazón del hombre.
Los acumuladores de riquezas les temían
lanzaban sus ejércitos contra ellos,
pero los portadores de sueños todas las noches
hacían el amor
y seguía brotando su semilla del vientre de ellas
que no sólo portaban sueños sino que los multiplicaban
y los hacían correr y hablar.
De esta forma el mundo engendró de nuevo su vida
como también habia engendrado
a los que inventaron la manera
de apagar el sol.


Los portadores de sueños sobrevivieron a los climas gélidos
pero en los climas cálidos casi parecían brotar
por generación espontánea.
Quizá las palmeras, los cielos azules, las lluvias torrenciales
tuvieron algo que ver con esto.
La verdad es que como laboriosas hormiguitas
estos especímenes no dejaban de soñar y de construir
hermosos mundos,
mundos de hermanos, de hombres y mujeres que se
llamaban compañeros,
que se enseñaban unos a otros a leer, se consolaban
en las muertes,
se curaban y cuidaban entre ellos, se querían, se ayudaban en el
arte de querer y en la defensa de la felicidad.
Eran felices en su mundo de azúcar y de viento
de todas partes venían a impregnarse de su aliento
de sus claras miradas
hacia todas partes salían los que habían conocido
portando sueños soñando con profecías nuevas
que hablaban de tiempos de mariposas y ruiseñores
y de que el mundo no tendría que terminar en la
hecatombe.
Por el contrario, los científicos diseñarían
puentes, jardines, juguetes sorprendentes
para hacer más gozosa la felicidad del hombre.


Son peligrosos - imprimían las grandes rotativas
Son peligrosos - decían los presidentes en sus discursos
Son peligrosos - murmuraban los artífices de la guerra.


Hay que destruirlos - imprimían las grandes rotativas
Hay que destruirlos - decían los presidentes en sus discursos
Hay que destruirlos - murmuraban los artífices de la guerra.


Los portadores de sueños conocían su poder
por eso no se extrañaban
también sabían que la vida los había engendrado
para protegerse de la muerte que anuncian las profecías
y por eso defendían su vida aun con la muerte.
Por eso cultivaban jardines de sueños
y los exportaban con grandes lazos de colores.
Los profetas de la oscuridad se pasaban noches
y días enteros vigilando los pasajes y los caminos
buscando estos peligrosos cargamentos
que nunca lograban atrapar
porque el que no tiene ojos para soñar
no ve los sueños ni de día, ni de noche.


Y en el mundo se ha desatado un gran tráfico de sueños
que no pueden detener los traficantes de la muerte;
por doquier hay paquetes con grandes lazos
que sólo esta nueva raza de hombres puede ver
la semilla de estos sueños no se puede detectar
porque va envuelta en rojos corazones
en amplios vestidos de maternidad
donde piecesitos soñadores alborotan los vientres
que los albergan.


Dicen que la tierra después de parirlos
desencadenó un cielo de arco iris
y sopló de fecundidad las raíces de los árboles.
Nosotros sólo sabemos que los hemos visto
sabemos que la vida los engendró
para protegerse de la muerte que anuncian las profecías.

jueves, 23 de junio de 2016

Jorge Leónidas Escudero

Oro nestas piedras - Documental sobre Jorge Leonidas Escudero from Leandro Claudia Cristian on Vimeo.

Cada quien mira lo que quiera mirar, escucha lo que quiere escuchar.

En este conmovedor documental, yo le escuché estas cositas al gran maestro Escudero:

"Yo empecé por el amor a las piedras, quería saber que eran, que tenían adentro"

"En la Av. Circunvalación, los automóviles pasan raudamente creyendo que uno es tonto y no se da cuenta que no van a ninguna parte"

"Uno es como es, si yo veo ese pájaro y siento que hay algo ahí, escribo porque siento la necesidad de manifestarlo, siento que hay una significación, aunque ni yo mismo la comprenda"

"La belleza pareciera que es la presencia de algo que nosotros sentimos que favorece nuestra vida, como un golpecito de más vida"

"La poesía o se entiende, o no se entiende"

"En la poesía yo voy buscando la "palabra absoluta", que exprese completamente lo que siento, pero no se llega"

Sosieguesé on Jorge, sosieguesé. No se insista, quédese tranquilo maestro, que algo hemos aprendido. Y aunque los gobernantes se anden con eso de los ministerios de la modernidad y la saraza, nosotros bien sabemos que los hombres seguimos siendo lo que siempre hemos sido. Y que siempre hay y habrá oro nestas piedras.

Me lo abraza al juan por ahí, digale que lo quiero mucho.

Aprovecho pa´ abrazarlo a usted también, on Jorge.

Andrés Lewin

jueves, 16 de junio de 2016

José Watanabe






El baño

Mientras el agua cae
sobre tu cuerpo
                    yo pienso
que de todos los cuerpos del mundo
tú posees el más preciso.
Tienes algo de intercambiable
conmigo, algunos órganos secretos,
                           los más saludables y hermosos,
o el sabor
o la mirada.

Ayer
me acerqué por tus espaldas
y deslicé mis manos
bajo tus axilas
hasta tocar tus senos. De pronto
sentí
el temblor de una restitución:
si yo hubiera tenido tetas
serían
como las tuyas.


* * * * *


La ranita

Duermes mi complacida. Y veo
con qué perfección, equidistancia y malicia
se disponen en tu cuerpo tendido
tus yemas de gusto
                   concupiscente.

Ahora tus yemas están dormidas,
pero cuando están despiertas provocan muchas ocurrencias.
La que más provoca es tu ranita lúbrica
                  llamada clítoris.

(Entre las hojas de los trópicos
he visto ranitas coloradas, miniaturas
de carne húmeda
que se contraen o se adelgazan
                y nadie las comprende
porque son temperamentales
como las muchachitas humanas)
Tu ranita no late contigo, tiene vida propia
pero no puede deleitarse sola.
La desmesura de su deseo
haria estallar su minúsculo cuerpo. Necesita
extender su gozo
en un cuerpo grande como el tuyo,
                      y así sobrevive,
                                convidándote placer.

Antes de tu sueño
viene siempre un ángel plumado y casto
que peina tu piel y censura
a nuestra ranita.
Es que nadie la comprende.

Sólo yo.