viernes, 17 de diciembre de 2010

"Esto no puede seguir así", presentación en Biblioteca Córdoba.



En directo desde Córdoba capital.

Ayer, jueves 16, en la Biblioteca Córdoba , se presentó el libro Esto no puede seguir así , ganador del premio de poesía provincia de Córdoba 2009, de Osvaldo Bossi. Reproducimos a continuación el texto escrito por Pablo Natale para la ocasión.




La guerrilla de los coyotes enamorados


Éramos cowboys de la impermanencia
Más rápidos que nuestra propia sombra
Ahora me ves. Ahora no me ves
”.
(LeRoy S. Davis)


* Recuerdo un atardecer de Enero en Salta. Habíamos ido con varios amigos de “gira poética” por el norte, algo que a priori sonaba dudosamente exitoso. Recuerdo que llegamos al bar donde íbamos a leer y era enorme, había sillas y mesas y olor de madera, un entrepiso con sillones, una pantalla enorme donde pasaban videos de los noventa. Se hacía de noche, estábamos en plena peatonal salteña, cercados por paseantes y turistas. Recuerdo que Osvaldo Bossi estaba sentado afuera del bar, que me acerqué a él, recuerdo que hablamos un poco, como dos desconocidos que tienen algo en común y que de pronto, surgida de la nada, parecida a una profecía o un recuerdo, surgió esa frase: “uno escribe en el desierto”. Como dije, estábamos en pleno verano salteño, por entrar a un bar enorme a leer, había paseantes, y nosotros dos ahí afuera, y luego viajaríamos todos a leer a un bar en Purmamarca y luego algunos seguirían viaje y otros no. Como se ve, nada parecido al desierto. Sin embargo, aquella frase me persigue desde entonces. Una frase increíblemente irreal, artificiosa, una frase en coma, soñando, lejos de mí, sumergida en su propia vida. Es desde ese magnífico enero norteño que conozco a Osvaldo Bossi: pero no es eso lo que importa ahora, sino su último libro.


* “Esto no puede seguir así” es, en principio, un poemario con un título desconcertante: puesto en relación con los otros libros del autor (“Adoro”, “Del Coyote al Correcaminos”, “El muchacho de los helados”) suena poco “Osvaldista”. ¿Por qué semejante título? La frase entre apocalíptica, militante (y pienso, incluso, papal) no trae buenos augurios. ¿Se trata de un anuncio exclusivamente poético, un “no va más estilístico”? ¿Se trata acaso de una condena al mundo contemporáneo y a la vez de un giro en la poesía de Osvaldo, que no suele ser declamatoria, directa, sino sutil y huidiza? ¿Qué significa, al fin y al cabo, el “esto” de “esto no puede seguir así”? ¿Qué es lo que no puede “seguir así”? La tapa del libro no ayuda a responder estas preguntas. Lo que se ve es la frase, ese mandato edípico, partidario o papal, repetido, escalonado en la hoja. Desdibujándose, desvaneciéndose, existiendo de ese modo. Como si fuese una frase suspendida en un abismo. Otra frase (ya van dos) suspendida en el abismo.


* Pero dejemos de lado el título y leamos los poemas escritos por Osvaldo o por la voz que duerme en Osvaldo. En el primer poema una persona sueña que está en el desierto, sueña que es un camello, no sabe si es de día, o de noche, pero sabe que el desierto no se acaba, sabe que tiene que beber, nos dice, de su cantimplora interior, y está allí casi detenida, esperando (esperando vaya a saber qué cosa) hasta que un muchacho-legionario (que representa el amor y a la vez la guerra) aparece en el horizonte y, podemos pensar, lo alimenta y, acaso, lo salva. En el segundo poema (otro poema de amor y de combate) un tal Facundo no quiere dormir: no quiere dormir, nos dice la voz del poema, porque el tiempo avanza y dormir es cederle tiempo al tiempo y el tiempo es –parece pensar el tal Facundo– irrecuperable e ilegible: exactamente lo contrario de un poema. Pero tarde o temprano Facundo se rinde al sueño, y el poema se desvanece mientras la voz, como si fuese el camello del poema anterior, nos recuerda que otra vez se ha quedado sola. Y esa voz que languidece y que persigue, que ama y que a su modo combate, esa voz y los versos susurrados por esa voz bien podrían ser los pensamientos del famoso coyote, aquel coyote al que alguna vez Osvaldo le escribió un libro, ese coyote, encerrado, atrapado en la historia.


* En “Esto no puede seguir así” también hay un poema que habla de una traducción sin acabar, un poema donde dos personas se encuentran para empezar una cosa (llamémosla “la literatura”) y terminan en otra (llamémosla “la vida”). Hay un poema que parece una carta, una carta que un hijo le escribe al padre (o “padrecito”), en la que le cuenta que deja todo y que se va a Bolivia, o a Michigan, o a Hong Kong (no importa el destino) con un tal Lisandro, “el muchacho más lindo y vicioso del pueblo”. Hay una piedrita al pie de un volcán, hay un puma atravesando un bosque, hay un extranjero (Danilo) que en el último poema distrae a la voz y la hace soñar y se la lleva de viaje y convierte al poema en una película muy mala pero, escribe Osvaldo, “horriblemente deliciosa”. Podría decirse entonces que los poemas del libro (como suele ser la poesía de Osvaldo) son poemas de amor: el ars amatoria es su hogar, su género de residencia. Cuán lejos parece estar su escritura del cinismo, con su halo de ternura y resignación, entablando su lucha en silencio, cuerpo a cuerpo. Sin embargo, allí está todavía el título del libro, y allí está el camello, el coyote, las frases solitarias y suspendidas, el padre que es dejado, el poema que no acaba de traducirse, la tarea poética que queda postergada ante la seducción, Facundo que no quiere dormir pero que, finalmente, se duerme, dejando sola y detenida a la voz del poema. Ocurre que, quizás, el hogar del poemario de Osvaldo, su musa inspiradora, no sea el ars amatoria, sino un ars divorciatoria, un arte del divorcio (más todavía si las nuevas leyes lo permiten): en sus poemas las cosas parecen juntas pero están separadas, o están separadas y sólo en un destello (precioso) de tiempo pueden tocarse. A pesar del poema y gracias al poema, como dice Osvaldo o la voz que duerme en Osvaldo en una parte del libro: “Qué dicen estas vetas, estas líneas / minúsculas que se juntan y se separan, no lo sé. / Por momentos, parecieran interponerse / entre nosotros dos, y otras veces, en cambio / pareciera que no, que están ahí precisamente / para edificar una casa pequeña, capaz / de soportar esos magníficos terremotos”.


* Ahora bien; de existir tal cosa como una “poética del divorcio”, sería algo así como una literatura de los conflictos afectivos y allí, en éste y en los otros libros de Osvaldo está el deseo de amor, una estela que pasea por todos y cada uno de los poemas, un meteorito constante. Sucede también que no puede haber cosa tal como “el hogar donde residirían los poemas de Osvaldo”, ya que sus son poemas extrañamente solitarios y huérfanos, son poemas sin casa. Allí están, cómo no recordarlos, todos los muchachos de los poemas de Osvaldo, despidiéndose, huyendo, combatiendo cada uno contra una cosa, enfrentados a algo. Y ese algo no es “el amor”. Al igual que el personaje que representa Jim Carrey en “Te amo Philip Morris” (el papel del eterno fabulador, el mentiroso desenmascarado, el estafador, y el enamorado) esos muchachos no están ni pueden estar divorciados del amor. No están divorciados del poema. No están, como escribe la voz que vive en Osvaldo, divorciados del deseo.


* El camello, aquella frase del desierto, los amantes combatientes, todos son como coyotes detenidos ante el paisaje de un abismo. Y allí llega, quizás para empujarlos, allí aparece de nuevo esa frase enigmática y terrible del título: “esto no puede seguir así”. Para empujarlos, para tirar todos estos versos al vacío, para acabar con ellos y con los animales y loa libros. Aunque puede que sea una frase dicha más tarde: quiero decir, una de esas cosas que nos decimos cuando no hemos podido cumplir algo. Como cuando decimos “tendría que dejar de fumar”, con un cigarrillo en la mano. Es posible que ese sea el significado de la frase que titula el libro, una frase resignada, teñida de cansancio, pero también de alegría y aceptación. Y puede que, de esa manera, hayan quedado a salvo ese millar de muchachos coyote. No obstante, puede que en el libro de Osvaldo estén sucediendo ambas cosas, y a la vez otra. Puede que lo que nos estén diciendo estos poemas, lo que nos esté diciendo ese “Esto no puede seguir así” sea similar la a lo que cuenta aquella última película de Jim Carrey: que los tiempos modernos el deseo de amor (del verdadero amor) es un virus. Se multiplica, se distrae, falsifica, y nunca se detiene, llevándose todo por delante. Que está solo, huérfano, en ninguna parte. Allí van, de nuevo, los coyotes enamorados. Anónimos, desconocidos, y preparados para pegar el gran salto.






(dedicado a los militantes del federalismo cultural)

martes, 14 de diciembre de 2010

Línea Belgrano Sur



Led zeppelin - immigrant song



La línea Belgrano Sur conecta Laferrere con Constitución. Todos los días viajan miles y miles de personas, y sin embargo parece un auténtico tren fantasma: jamás es mencionado por ningún canal de noticias a la mañana, hora en la cual se habla de normalidad en los distintos ramales y del estado del tránsito. Este tren, para los medios, no existe.

De todos modos, cada menos de diez minutos pasa el tren, tuneado con stickers, posters, gorros, banderas y vinchas de la Unión Ferroviaria, los conocidos co-participes del asesinato de Mariano Ferreyra, barrabravas enquistados en diversos negocios turbios, entre ellos el cada vez más rentable negocio de los tercerizados; o cómo hacer para que se trabaje más por menos plata y menos derechos. Los pasajeros del Belgrano Sur se cuentan, como deciamos, de a miles. Son, en su inmensa y anónima mayoría, trabajadores y trabajadoras que emprenden su perpetua odisea, bien temprano.

El tren pasa pegado a la Villa 20 y se dirige hacia Pompeya pasando por el Parque Indoamericano. Este tren pasó cada menos de diez minutos durante esta semana de conflicto en Soldati. Un conflicto en el cual tomaron partido vecinos en contra de la usurpación, vecinos selectamente elegidos: refinados como Julio Capella, barrabrava de Huracán e hijo del masajista de Boca; un poco más toscos y gordos como Chacho Alvarez, delegado gremial de SUTECBA en la DGAI y cercano a la barrabrava de Boca, vocero de facto de algunos edificios linderos al predio del conflicto. Este sector se encargó de sacar a un pobre tipo de una ambulancia del SAME, para rematarlo a sangre fría.

¿pero no es muy raro el mundo? ¿no está todo jodidamente dado vuelta?
Antes, lo más común era escuchar el vergonzante y racista:

Bostero, Bostero, Bostero
Bostero, qué asco me dás
andate a vivir a Bolivia
toda tu familia está allá

y sin embargo ahí lo vemos a Mauricio Macri, el ex-presidente del Boca multicampeón de todo, diciendo que la ciudad no puede hacerse cargo de los problemas habitacionales del MERCOSUR, y lo vemos incomodarse más con las comunidades de los países limítrofes que con el asunto de Ciro James, o que con el tema del bigote. Distintas formas de atragantarse. Y sin embargo, ahí también están los barrabravas de Boca, de Huracán, de Chicago, haciendo la política de base del PRO en el sur de la ciudad, corriendo a los tiros a los que reclaman, corriéndolos por bolivianos y paraguayos.

Mi abuelo me contaba, cuando yo era muy chico y ya viviamos en Lugano, que el tren solía llegar en otras épocas incluso hasta Bolivia, y en ese relato refulgía un esplendor que llenaba de bronce al pasado y a la estación Lugano. Los ojos le brillaban porque, de repente, estaba ahí, otra vez en un pasado glorioso que se hacía presente.

Creo que en la línea Belgrano Sur se cifra parte de este tiempo urgente y contradictorio, y viajan juntos la burocracia barrabrava y asesina, el pueblo que viene y va de provincia a capital y viceversa, la avenida Escalada, Cruz, el conflicto del Parque Indoamericano, la verguenza de los muertos recientes y también, Bolivia, como límite, como mito y como bandera.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Persépolis



“Persépolis”

Debo decir para comenzar que no se absolutamente nada de cine, mi único aprendizaje es el sentarme frente a la pantalla y dejarme llevar por las imágenes. Nunca he asistido a ninguna clase sobre el tema y no tengo la menor idea de lo que significan simbólicamente algunas escenas o encuadres de cámara y otras yerbas. Sin embargo, hace muy poco tuve la oportunidad de ver esta película de animación y quedé encantado… la película no es nueva, ya tiene algunos añitos y seguramente los que se encuentran “en el ambiente del cine” ya la deben haber visto, criticado y/o comentado. De todas formas no viene mal compartir con otros una experiencia que me parece bella y grata y además, como ha dicho Pipo Lernoud (en entrevista que será subida próximamente a nuestro blog) la verdadera actitud rockera y auténtica es “tener tu propia versión de las cosas”.
Para comenzar debo decir que supongo que a nadie escapa que “Persé-polis” significa literalmente “la ciudad de los persas”. Los persas han sido una gran civilización de Oriente que en un período histórico relativamente breve logró dominar todo el “medio oriente” desde el río Indo hasta Egipto y el Mar Negro. Desde que los griegos entraron en contacto con los persas ha comenzado una de las grandes historias de la humanidad… la guerra, el intercambio y la fascinación mutua unida al intento de exterminio y de muerte se entrelazan constantemente, Eros y Tánatos se unen y se mezclan una y otra vez para enfrentar y hacer explotar o para unir y hacerse amar a estas dos grandes “O” culturales (Oriente y Occidente, claro). Así, desde Alejandro Magno, quien logró con sus ejércitos destruir el imperio de los aqueménidas y al mismo tiempo se hizo coronar luego como el Gran Rey Persa… desde ese momento hasta hoy, con marines estadounidenses en Irak, Pakistán y Afganistán, la historia continúa y continúa. Y continúa también en la película “Persépolis”, la cual comienza no casualmente en la ciudad de Persépolis, Teherán, en el Irán de los ’70.
La película “Persépolis” es tan fascinante como la cultura oriental, y relata desde dentro, gracias a las experiencias de su autora Marjane Satrapi la historia de Irán, Austria y Francia en distintos momentos. Bien es posible que algunas cuestiones históricas y políticas se encuentren simplificadas o no tengan un rigor histórico apetecible para historiadores y demases, pero no cabe duda de que no es ese tampoco el objetivo de la película (que antes supo ser historieta y que en definitiva es más pieza de arte que explicación académica). “Persépolis” es la historia subjetiva de una niña (luego adolescente) que vive en una familia aristocrática atípica del Irán de los ’70 entre ideas religiosas, liberales y comunistas; que luego vive la revolución de 1979; la hegemonización del grupo musulmán de la nueva república; el exilio en Austria; el regreso y la vida bajo el régimen islámico; el exilio en Francia; etc. Todo esto transmitido con gran intensidad al espectador gracias a una animación blanco y negro (en su mayoría) que pone el tono melancólico y también humorístico e irónico en todo momento en primer plano; y que con una estética simple pero fantástica, y por momentos surrealista, crea un ambiente mágico. Escenas como la que retrata la guerra con ambos bandos avanzando siempre hacia el vacío y cayendo en un pozo a morir uno tras otro no se borran fácilmente de la retina, por momentos se tiene la sensación de estar viendo un “Guernica” móvil en blanco y negro.
Finalmente, otro de los grandes logros de la película consiste en no quedarse atascada en las visiones binarias de los conflictos. Así, el conflicto Oriente vs. Occidente se resuelve en un acto de “Edwardsaidismo” que logra superar el conflicto dialécticamente. De esta forma Marjane sufre el velo islámico y las prohibiciones a sus libertades en Irán, pero también sufre con la cultura occidental europea, el rigor cristiano y el consumismo llegando a declarar: “en Europa te puedes morir y a nadie le importaría”. Por otro lado, la salida dialéctica se manifiesta también para resolver el conflicto materialismo vs. idealismo que atraviesa la película y a la propia protagonista. Por esto es que en medio de esta película y con gran simpatía nos encontramos con una gran escena casi realista-mágica en la que Marjane flota por los aires (con varias pastillas en sangre) para encontrarse con Dios y Marx al mismo tiempo, igualados de forma herética tanto para marxistas como para religiosos en general…
Por todo esto, recomiendo ver esta gran película para todo aquel que quiera pasar un lindo momento, conocer una extensa y rica historia de vida y experimentar una multitud de sentimientos plasmados en una obra de arte en movimiento, en todo sentido.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Diana Divaga



Diana Divaga ( Los abuelos de la nada, 1968)

Compositores: Miguel Abuelo - Pipo Lernoud

Diana es la niña que besa las flores
Saluda a los pájaros y canta.

Diana divaga, yo acaricio su piel
Ella me da un beso, y escapo con él.

Tiene una historia verde y amarilla
Con una guitarra y un pan.

Diana, vienen hombres hacia acá,
Diana, no te pongas a llorar
Diana, que no es hora de llorar
Diana, a tus flores pisarán

Diana divaga, yo acaricio su piel.
Ella me da un beso, yo escapo con él

Tiene una historia mi Diana divaga
Que cuando la miro con ansias sonríe
Y cuando anochece...

Diana Divaga es el primer sencillo del grupo de rock argentino Los Abuelos de la Nada, lanzado en 1967 por CBS Discos.
La historia de Los Abuelos comienza cuando un joven llamado Miguel Ángel Peralta se las ingenia para convencer a un productor de que tenía una banda. Resultó ser muy convincente al mencionar el extraño nombre de Los Abuelos de la Nada, ya que el productor le dio fecha para grabar. El problema es que esa banda no existía, pero Miguel y su amigo Pipo Lernoud se las ingeniaron para reclutar músicos. Así fue como dieron con el baterista Héctor Pomo Lorenzo, el tecladista Mayoneso, Alberto y Micky Lara se ocuparon del bajo y la guitarra, y además contaron con guitarristas que luego serían fundamentales en la historia del rock: Norberto Pappo Napolitano y Claudio Gabis.
La canción que da título al sencillo es bastante particular para la época. Son cuatro minutos de psicodelia pura (tanto en la letra como en la música), con arreglos de violonchelo y sonidos de truenos, explosiones y campanas.
Cuando la discográfica lanza el sencillo edita Diana Divaga, transformándola en una canción que no llega a los tres minutos, con la intención de que logre difusión radial. La noticia obviamente no le agradó a los músicos.
Diana Divaga es considerado por muchos el primer single progresivo del rock argentino.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

IZCOR de Yaki Setton

Poema visual de Yaki Setton.

Versión audiovisual del último poema de Nombres propios, Yaki Setton, Buenos Aires, Editorial Bajo la luna, 2010.

Voz de Osvaldo Bossi, música original de Marcelo Moguilevsky.

sábado, 20 de noviembre de 2010

la vuelta del malón, el ritmo de una kumbia zombie




Escribir acerca de La vuelta del malón permite decir unas palabras acerca de Ángel Della Valle. Es interesante destacar que mientras el cuadro y la serie de cuestiones que allí se ven anudadas son en mayor o menor medida conocidas, su autor resulta en cambio un personaje intrascendente para la historia argentina. Podríamos extremar esta posición diciendo que, en rigor, todo autor es en principio intrascendente -excepto que haga de su propia vida su propia obra-.

Entonces, una cuestión con relación a La vuelta del malón refiere a la firma que allí se inscribe y a la pregunta por su importancia; más específicamente ¿qué valor podemos asignarle a la intencionalidad del autor a la hora de acercarse a La vuelta del malón?

Es conocido y hasta paradigmático el caso de Jonathan Swift y Los viajes de Gulliver, una obra escrita a los fines de denunciar, con la violencia de un Rousseau, la vileza de la civilización y el absurdo del positivismo, una obra que con el paso de los años se ha transformado en un libro ineludible de cualquier biblioteca universal infantil que se precie de tal. No se discute la importancia de tal género, sólo interesa en este punto señalar la vertiginosa distancia existente entre la intención inicial del sujeto empírico Swift y lo que las lecturas posteriores han hecho de su obra.

En nuestro caso, ¿qué imaginamos que buscaba Della Valle? Podemos entrever una militancia autoproclamadamente civilizatoria, y el ensalzamiento de sus más altas virtudes por intermedio de nada menos que una inversión: el cuadro muestra el accionar barbárico, una dinámica del saqueo que no respeta ninguna propiedad privada -la valija, la mascota, las reliquias, la cautiva-, que profana todos y cada uno de los cuerpos de la civilización y los desmembra. La inversión consiste entonces en que aquello que busca ser configurado como deseable emerge a partir de su ausencia: lo que no aparece justamente es la civilización. Pero, La vuelta del malón vista desde la intencionalidad del autor, implica incluso una inversión en otro sentido, en tanto se apuesta a no mostrar lo deseable sino su opuesto, para reafirmar aún más la sed de progreso civilizatorio, como quién le pone unas fichas a la campaña de Roca. Y al igual que con cualquier otro caso de inseguridad, de lo que se trata es de una falta que intenta agujerear la conciencia del receptor llevándolo hacia un territorio incuestionable, la imperiosa necesidad de llenar un vacío. La vuelta del malón es otro caso de inseguridad y podemos indignarnos al preguntar ¿dónde estaba la policía para proteger a esa pobre gente? En particular para proteger al señor de la cabeza cortada, dueño, poseedor de cuanto le fue desposeído. En ese ¿dónde? Respira el deseo de una aparición, con todo el pulso religioso que de esta súplica y reclamo se deriva. Por lo que puede verse, y al contrario de lo que se piensa, la generación del 80 era también una generación eminentemente religiosa.

Se trata de tópicos característicos: La vuelta del malón se asemeja al Facundo en tanto ambos recorren el tema de la civilización y la barbarie. Pero no sólo por esto, sino también porque en ambos casos la creación estética implica el controvertido procedimiento que consiste en vindicar la civilización a partir de su ausencia, a partir de tomar como objeto del relato determinados elementos de la barbarie -la vida de Facundo Quiroga, la vuelta del malón-. Y en ese proceder, los autores han corrido un riesgo altísimo al crear personajes peligrosos. Personajes que son peligrosos en tanto son encantadores. Han caído así en la misma paradoja que los viejos folletines criminales del estilo Rocambole, toda una literatura policíaca que tiene como protagonistas a los delincuentes y que por una necesidad del relato -una cuestión de buen gusto- requieren, reclaman para sí una configuración seductora. El otro se ve heroificado.

Buscando entonces denunciar la barbarie para hacer notar la necesidad del avance civilizatorio, Ángel Della Valle pinta de hecho un cuadro inolvidable en dónde la felicidad suda vitalismo, es vigorosa y puede verse en cada uno de esos cuerpos saqueadores en movimiento, que violan, que ultrajan la propiedad privada de dos maneras: en tanto de hecho la hurtan y se roban maletines, perros y cautivas; en tanto resignifican objetos, como por ejemplo los religiosos, devenidos ahora boleadoras y lanzas. La vuelta del malón también nos incita a pensar a la gauchesca como parte de un género más amplio: la literatura policial, cuyos máximos exponentes en el siglo XX argentino han sido Jorge Luis Borges y Rodolfo Walsh.
Un trabajo posible consistiría en descolonizar ese género, hoy territorio dominado en gran medida por la masa mediática.

En definitiva, quizás importe la intencionalidad del autor y en este punto el interés estético haya predominado por sobre el interés político en la obra de Ángel Della Valle. Un pintor se deja llevar por esa voz extraña que le habla a veces a los poetas y por ende desoye ciertos requerimientos del orden de lo político. Lo cual tiene por supuesto consecuencias tanto políticas como estéticas.

Cuando el arte triunfa, la obra sale definitivamente del cauce de los intereses del autor, cualesquiera que estos sean. Como un artefacto rabioso, se escapa de las manos. Toda obra verdaderamente valiosa nos recuerda a Frankestein, adquiere una monstruosa e infinita vida propia hasta que llega ese momento de resplandor en dónde termina de matar lo que en ella restaba de intencionalidad del autor.

La firma de Della Valle puede entonces ser pensada como un hecho anecdótico, o no, pero más allá de esa pregunta La vuelta del malón encuentra por fin su modo de existencia actual: deviene a nuestros ojos una excelente película clase B, un film de zombies en dónde los indios masacrados durante siglos -y con ellos todos los otros de la historia- se transforman en muertos vueltos a la vida, dispuestos a alcanzar la victoria, o por lo menos a comerle los sesos a los dominadores, a recordarles de manera atormentante la servidumbre y la barbarie que ha sido necesaria para la consecución y el mantenimiento de su maloliente dominio. Un espectro colectivo se cierne así sobre todo lo establecido y se mixtura con el, hasta volverse indiscernible cualquier diferencia. Las cruces a la altura de las lanzas, las lanzas como cruces. Esa mezcla se produce entonces al calor del hipnótico ritmo de una kumbia zombie. Tal vez, la más maravillosa música.

Cf. Kumbia Queers, Kumbia Zombie
http://www.youtube.com/watch?v=McL6m5Tx3EA