miércoles, 30 de noviembre de 2016

Gioconda Belli


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LOS PORTADORES DE SUEÑOS

En todas las profecías

está escrita la destrucción del mundo.

Todas las profecías cuentan
que el hombre creará su propia destrucción.


Pero los siglos y la vida
que siempre se renueva
engendraron también una generación
de amadores y soñadores,
hombres y mujeres que no soñaron
con la destrucción del mundo,
sino con la construcción del mundo
de las mariposas y los ruiseñores.


Desde pequeños venían marcados por el amor.
Detrás de su apariencia cotidiana
Guardaban la ternura y el sol de medianoche.
Las madres los encontraban llorando
por un pájaro muerto
y más tarde también los encontraron a muchos
muertos como pájaros.
Estos seres cohabitaron con mujeres traslúcidas
y las dejaron preñadas de miel y de hijos verdecidos
por un invierno de caricias.
Así fue como proliferaron en el mundo los portadores de sueños,
atacados ferozmente por los portadores de profecías habladoras
de catástrofes.
Los llamaron ilusos, románticos, pensadores de utopías
dijeron que sus palabras eran viejas
y, en efecto, lo eran porque la memoria del paraíso es antigua
el corazón del hombre.
Los acumuladores de riquezas les temían
lanzaban sus ejércitos contra ellos,
pero los portadores de sueños todas las noches
hacían el amor
y seguía brotando su semilla del vientre de ellas
que no sólo portaban sueños sino que los multiplicaban
y los hacían correr y hablar.
De esta forma el mundo engendró de nuevo su vida
como también habia engendrado
a los que inventaron la manera
de apagar el sol.


Los portadores de sueños sobrevivieron a los climas gélidos
pero en los climas cálidos casi parecían brotar
por generación espontánea.
Quizá las palmeras, los cielos azules, las lluvias torrenciales
tuvieron algo que ver con esto.
La verdad es que como laboriosas hormiguitas
estos especímenes no dejaban de soñar y de construir
hermosos mundos,
mundos de hermanos, de hombres y mujeres que se
llamaban compañeros,
que se enseñaban unos a otros a leer, se consolaban
en las muertes,
se curaban y cuidaban entre ellos, se querían, se ayudaban en el
arte de querer y en la defensa de la felicidad.
Eran felices en su mundo de azúcar y de viento
de todas partes venían a impregnarse de su aliento
de sus claras miradas
hacia todas partes salían los que habían conocido
portando sueños soñando con profecías nuevas
que hablaban de tiempos de mariposas y ruiseñores
y de que el mundo no tendría que terminar en la
hecatombe.
Por el contrario, los científicos diseñarían
puentes, jardines, juguetes sorprendentes
para hacer más gozosa la felicidad del hombre.


Son peligrosos - imprimían las grandes rotativas
Son peligrosos - decían los presidentes en sus discursos
Son peligrosos - murmuraban los artífices de la guerra.


Hay que destruirlos - imprimían las grandes rotativas
Hay que destruirlos - decían los presidentes en sus discursos
Hay que destruirlos - murmuraban los artífices de la guerra.


Los portadores de sueños conocían su poder
por eso no se extrañaban
también sabían que la vida los había engendrado
para protegerse de la muerte que anuncian las profecías
y por eso defendían su vida aun con la muerte.
Por eso cultivaban jardines de sueños
y los exportaban con grandes lazos de colores.
Los profetas de la oscuridad se pasaban noches
y días enteros vigilando los pasajes y los caminos
buscando estos peligrosos cargamentos
que nunca lograban atrapar
porque el que no tiene ojos para soñar
no ve los sueños ni de día, ni de noche.


Y en el mundo se ha desatado un gran tráfico de sueños
que no pueden detener los traficantes de la muerte;
por doquier hay paquetes con grandes lazos
que sólo esta nueva raza de hombres puede ver
la semilla de estos sueños no se puede detectar
porque va envuelta en rojos corazones
en amplios vestidos de maternidad
donde piesecitos soñadores alborotan los vientres
que los albergan.


Dicen que la tierra después de parirlos
desencadenó un cielo de arco iris
y sopló de fecundidad las raíces de los árboles.
Nosotros sólo sabemos que los hemos visto
sabemos que la vida los engendró
para protegerse de la muerte que anuncian las profecías.

jueves, 23 de junio de 2016

Jorge Leónidas Escudero

Oro nestas piedras - Documental sobre Jorge Leonidas Escudero from Leandro Claudia Cristian on Vimeo.

Cada quien mira lo que quiera mirar, escucha lo que quiere escuchar.

En este conmovedor documental, yo le escuché estas cositas al gran maestro Escudero:

"Yo empecé por el amor a las piedras, quería saber que eran, que tenían adentro"

"En la Av. Circunvalación, los automóviles pasan raudamente creyendo que uno es tonto y no se da cuenta que no van a ninguna parte"

"Uno es como es, si yo veo ese pájaro y siento que hay algo ahí, escribo porque siento la necesidad de manifestarlo, siento que hay una significación, aunque ni yo mismo la comprenda"

"La belleza pareciera que es la presencia de algo que nosotros sentimos que favorece nuestra vida, como un golpecito de más vida"

"La poesía o se entiende, o no se entiende"

"En la poesía yo voy buscando la "palabra absoluta", que exprese completamente lo que siento, pero no se llega"

Sosieguesé on Jorge, sosieguesé. No se insista, quédese tranquilo maestro, que algo hemos aprendido. Y aunque los gobernantes se anden con eso de los ministerios de la modernidad y la saraza, nosotros bien sabemos que los hombres seguimos siendo lo que siempre hemos sido. Y que siempre hay y habrá oro nestas piedras.

Me lo abraza al juan por ahí, digale que lo quiero mucho.

Aprovecho pa´ abrazarlo a usted también, on Jorge.

Andrés Lewin

jueves, 16 de junio de 2016

José Watanabe






El baño

Mientras el agua cae
sobre tu cuerpo
                    yo pienso
que de todos los cuerpos del mundo
tú posees el más preciso.
Tienes algo de intercambiable
conmigo, algunos órganos secretos,
                           los más saludables y hermosos,
o el sabor
o la mirada.

Ayer
me acerqué por tus espaldas
y deslicé mis manos
bajo tus axilas
hasta tocar tus senos. De pronto
sentí
el temblor de una restitución:
si yo hubiera tenido tetas
serían
como las tuyas.


* * * * *


La ranita

Duermes mi complacida. Y veo
con qué perfección, equidistancia y malicia
se disponen en tu cuerpo tendido
tus yemas de gusto
                   concupiscente.

Ahora tus yemas están dormidas,
pero cuando están despiertas provocan muchas ocurrencias.
La que más provoca es tu ranita lúbrica
                  llamada clítoris.

(Entre las hojas de los trópicos
he visto ranitas coloradas, miniaturas
de carne húmeda
que se contraen o se adelgazan
                y nadie las comprende
porque son temperamentales
como las muchachitas humanas)
Tu ranita no late contigo, tiene vida propia
pero no puede deleitarse sola.
La desmesura de su deseo
haria estallar su minúsculo cuerpo. Necesita
extender su gozo
en un cuerpo grande como el tuyo,
                      y así sobrevive,
                                convidándote placer.

Antes de tu sueño
viene siempre un ángel plumado y casto
que peina tu piel y censura
a nuestra ranita.
Es que nadie la comprende.

Sólo yo.


martes, 26 de abril de 2016

Facundo D´Onofrio




4. 

De chico miraba con ojos grandes
la cara de la luna.
El cielo era un circo y las estrellas vértices de tiendas.
Me dijiste que no la mirara fijo
porque se enamora y no te deja
para nadie más.
Le tuve miedo a la luna
pero más miedo al amor.
Por las noches buscaba
cualquier charco de agua
y la miraba a través del reflejo
para que no se diera cuenta
de mí.

* * * * *

5.

Nunca pensé que el frío
diera tanta dicha.
Un abrazo de invierno puede más
que todo el verano.
El calor es un misterio entre dos personas.

Las plantas no pueden mentir
ni decir la sombra
sin embargo nosotros
no sabemos lo que ocurre
entre ellas y el mundo.

Pienso en cómo se ablanda
un corazón congelado.
Es como robarle un suceso
al pasado y darle
un sentido que no existe.

* * * * *

6.

Hay un escondite para la tormenta.
Si te lo digo ya no existe más.
s como el secreto
que al decirse
(aunque despacito y al oído)
deja de ser
es otra cosa
pero ya no un secreto.

Es un lugar oscuro
y puede darte miedo.
Pero allá no llueve y hay espacio
para acostarse
si uno se anima a dormir.

La entrada es un hueco.
Cuesta encontrarla
¡y qué difícil salir!
Pero no te preocupes por cosas
de las que se ocupará la noche.

* * * * *

9.

En círculos
recorrés
el inabarcable sol
con los ojos.
¿Qué hay del otro lado?
Si es que hay un otro lado
como en tus pensamientos.
Sin ojos
el inabarcable sol
te recorre en círculos.

* * * * *

10.

Prometí no involucrarme
en el sufrimiento de una estrella.
Tampoco en la fiebre
que empaña el aire
cuando nace la lluvia.
Ni en el rayo que lacera
la carne estrepitosa
del desastre.
Lo prometí en el patio
vulnerado y seco
del día después
junto a un limón empobrecido
que observaba
burlón
el sinsentido de las cosas.


* * * * *

33.

Hay, lo sé
un perro echado
en el rinconcito escondido
entre el banco de cemento
y el último árbol de la plaza
cuando cae el frío.
Ahí donde los perros se echan
porque aún quema:
quema el pasto
quema el cemento patinoso del banco
la tierra quema
queman cada una de las raíces del árbol
y sus hojas y sus ramas
queman también
quema el breve remolino
que se forma de repente
con el viento de la tarde
quema la tarde
hoy quema
y quemaba ayer
cuando jugábamos
a esa lenta escondida
de darnos un beso
hasta ser sorprendidos
por el invierno.

* * * * *

35.

Estábamos sentados a la mesa
en la cocina que daba al patio.
Habías llegado de trabajar.
Era una tarde de invierno
me enseñaste a escribir con pluma.
La televisión un murmullo
cada vez más lejano
pero recuerdo esa lapicera cuadrillé
y el mecanismo para colocarle el cartucho
como si la tinta aún estuviera fresca
y los años fuesen un engaño.

En el colegio pedían tinta azul
para vos era mejor que fuera negra.
Siempre pretendiste
educarme en solemnidades.

Hoy no mancho el papel con tinta
hoy completo todas las palabras
¿sabías, papá, ya entonces
que me enseñabas
a usar un armar?

viernes, 22 de abril de 2016

Santiago Rouaux




LO QUE IMPORTA ES LA MÚSICA
a Diego Spivacow

¡Ahí estaba! El amor de mi vida, el objeto de mi deseo. Sola, brillando bajo las lámparas dicroicas, en medio de una vidriera. Con sus micrófonos plateados, sus incrustaciones de nácar a lo largo del diapasón, su pintura reluciente, roja y dorada, y esa firma en el clavijero certificando que se trataba de un ejemplar original, y no de una vulgar copia. La guitarra con la que Slash, junto a los Guns and Roses, hizo delirar estadios enteros al ritmo de sus riffs, en temas como Welcome to the jungle o Sweet child o´ mine. La guitarra que Jimmy Page tocaba con un arco de violín durante el solo de Dazed and Confused, y a la que Ace Frehley, de Kiss, añadió una bomba de humo, para simular, durante los shows, que el voltaje de la música había hecho colapsar los circuitos eléctricos. La única e irrepetible Gibson Les Paul. Un instrumento con historia, con mística, con estilo.
―Sí, está buena ―dijo Fer.
―¿Buena? ¿Nada más? ¿Me estás cargando?
―Es linda. Yo qué sé.
―¡Es la mejor! ―dije, con la mirada perdida en las vetas de la madera.
Fer largó un chistido al aire.
―La mejor es la Fender Telecaster.
―¡Estás equivocado!
―La Telecaster tiene un sonido… ―hizo una pausa como buscando la palabra justa― más crudo, más estridente.
―Eso es cierto. Por los micrófonos. Igual, yo prefiero toda la vida el sonido de la Les Paul.
―No sé. A mí me parece una guitarra para viejos.     
―¡No tenés idea de lo que decís!
―¡Vos no tenés idea!
Era siempre la misma discusión. Los dos sabíamos cuál era la opinión del otro y que no nos íbamos a poner de acuerdo. Pero igual discutíamos. A lo mejor nos gustaba porque nos permitía exponer las virtudes de los instrumentos que admirábamos.
―¿Seguimos? ―dijo Fer.
―Dale.
Avanzamos por Talcahuano. La calle Talcahuano, a la altura del Centro, es el lugar de la ciudad donde se concentran las casas de música. Fer y yo aprovechábamos el rato libre entre la clase de gimnasia de la mañana y la hora de entrar al colegio, al mediodía, para recorrer esas cuatro o cinco cuadras, deteniéndonos en cada vidriera. Por supuesto, no teníamos plata para comprarnos nada, a excepción de alguna que otra púa y de esos cuadernillos que te enseñaban los acordes de las canciones, que nosotros practicábamos con las guitarras criollas. Pero no era lo mismo. Sin guitarra eléctrica, no era lo mismo. 
―Algún día vamos a tener nuestra banda ―dije.  
―¿Vos creés?
―Estoy seguro. Yo voy a tocar con mi Les Paul, y vos con tu Telecaster.
―¡Ojalá! ―dijo Fer―. ¡Pero yo hago la primera guitarra!
―¡¿Por qué?!
―Yo punteo mejor.
―Vos punteás más rápido. Pero más rápido no es mejor. Si no, mirá los solos de Gilmour.
―¡Está bien! ¡Tenés razón! Nos turnamos y listo. Un tema cada uno.
―Me parece bien ―dije.
―¿Y de dónde vamos a sacar al resto de la banda? Necesitamos un baterista y un bajista. Como mínimo.
Me quedé pensando.
―¡Ya sé! Podemos poner avisos en las revistas de música. Seguro hay un montón de gente que quiere tocar.
―¡Buena idea! También tenemos que conseguir un tecladista. Así podemos meter efectos raros, como en las canciones de Pink Floyd.
―¡Y un saxofonista!
―Y el cantante ―dijo Fer―. No te olvides del cantante.  
―¿Para qué? Podemos cantar nosotros.   
―¡No! El cantante es fundamental. Un cantante en serio, no un guitarrista que además canta. Las bandas con cantante dieron siempre los mejores recitales. The Doors, por ejemplo.  
―Eso era gracias a Morrison, que era un genio en el escenario.
―¡Y bueno! Tenemos que conseguir alguien así.  
―¡Claro! ¡Como si fuera tan fácil!
Nos detuvimos frente a la siguiente vidriera. Una larga hilera de guitarras y bajos colgaba del techo. Al fondo, se apilaban los amplificadores Marshall. Saxos, armónicas, micrófonos, sintetizadores y teclados. Y en el centro de la escena, como estrella principal, una batería TAMA, con doble bombo, y tones y platillos asomando de todos lados. Detrás de ella, un póster enmarcado de Lars Ulrich, baterista de Metallica, tocando un instrumento idéntico al de la vidriera.
―Nuestros temas tienen ser fuertes ―dijo Fer―. Nada de hacer canciones flojitas.
―¿Y qué es una canción flojita? ¿Se puede saber?
―Esas baladas que te gustan a vos.
―¡Pará! Hay un montón de baladas que tienen muchísima fuerza. ¿Bohemian Rapsody te parece una canción flojita?
―No.
―¿Y Stairway to Heaven?
―Tampoco.
―¿Y…?
―Está bien, está bien… Ya entendí. A lo que me refiero es a esos temitas que hablan de amor. No los aguanto. Lo único que te pido es que los nuestros no hablen de amor.
―¿Y de qué querés que hablen?
―No sé. Pero ya hay demasiados canciones así.
―¡Y! ¡Por algo será! Es un tema que no se agota nunca.
―Es un tema fácil. Ponés dos o tres versitos sensibles, que te quiero, que te extraño, y ya está.  
―¡Nada que ver!
Me quedé pensando en la canción que había compuesto la noche anterior, tocando la guitarra bien suave, con el oído pegado a la caja de resonancia, para no despertar a mi hermano. Era un tema que tenía todo lo que a Fer no le gustaba: una balada que hablaba de amor. Iba a tener que disfrazarla un poco, acelerar el tiempo, cambiar algunos tramos de la letra, si quería tocarla con la banda. Tal vez, podía recurrir a la poesía surrealista, esas expresiones raras pero hermosas, como las que usaba el flaco Spinetta en sus canciones. 
―¡Mirá esas cajas! ―dijo Fer, señalando unos parlantes enormes― ¿Sabés la potencia que te dan esas cajas?
―¡Me imagino!
―En nuestros recitales, necesitamos equipos así.
―¡Sería increíble! ―dije―. Igual, los equipos no son todo. Para dar un buen recital, los técnicos son tan importantes como los equipos.   
―¡Absolutamente! Una banda son los músicos más los técnicos.   
―Tenemos que conseguir un sonidista, por ejemplo.  
―¡Y un iluminador! ―dijo Fer―. Sin una buena iluminación, no se van a lucir nuestros instrumentos en el escenario ―y se puso a hacer la mímica de un solo de guitarra, como si estuviera en medio de un show.
―¡Eso es lo de menos! Lo importante es cómo suena la banda. No lo perdamos de vista. Lo que importa es la música.
―¡El espectáculo también es importante!
―Sí. Pero…
―Ya vamos a tener tiempo, cuando entremos al estudio de grabación, de preocuparnos por el sonido. Nuestros recitales tienen que ser otra cosa: algo vivo, algo festivo…
Tenía razón. No en eso de descuidar la calidad de la música en vivo, que era una tontería, sino en lo del disco. Toda nuestra energía tenía que estar ahí. Porque los recitales son importantes, sin duda, pero una banda hace su entrada en la escena musical cuando lanza su primer álbum, no antes.  
―Vamos a necesitar un productor ―dije.
―¿Qué cosa?
―Cuando grabemos.
―Ah, sí. Mientras no se meta con la parte creativa...    
―El trabajo del productor es justamente ese, meterse con la parte creativa. ¿O te pensás que los Beatles hubieran sido los Beatles sin George Martin?
―No sé. No me convence la idea de que haya un viejo en el estudio diciéndonos qué hacer y qué no hacer.
―No es tan así…
―Además, nosotros vamos a ser grandes por nosotros mismos. No necesitamos a un productor para eso. ¡Confiá en mí!
Adiós a mi viejo sueño, pensé, de grabar un disco experimental que mezclara nuestras canciones con sonidos tomados del ambiente y efectos de sintetizadores. Era imposible grabar un álbum de esas características sin la ayuda de un productor. Pero no importaba. Podía guardar el proyecto para cuando emprendiera mi carrera solista. Porque todos los grandes músicos tienen, tarde o temprano, una carrera solista. Y yo no iba a ser la excepción. Pero eso no podía comentárselo a mi amigo. Al menos no por el momento. 
―¡Uy! ¡Qué tarde se hizo! ―dijo Fer, mirando el reloj en su muñeca―. Nos van a poner media falta. ¡Vamos! ¡Apurate! ―y agarrándome de un brazo, me obligó a avanzar, en dirección al colegio. 

Inédito.

lunes, 11 de abril de 2016

Maria Fonseca



En el bar de la calle empedrada...


I.

Soy una silueta finita y colorida
sentada a la mesa, del bar de la calle empedrada
salgo anónima en algunas
fotos de turistas de quién sabe dónde
me peino con disimulo
para salir en las fotos
soy yo
y esa silueta finita y colorida.


II.

En la mesa de al lado
desayunaba una señora
de rostro regular
salvo por sus enormes
fosas nasales

podía tragarse todo el aire
de una sola inspiración
y dejar al mundo
seco.


III.

Lo acabo de decidir
voy a emborracharme
después de un breve diagnóstico concluí:
tengo el dinero para pagar la cuenta
estoy sentada en la mesa más cercana al río
mi cuarto de hotel queda a diez cuadras
las calles adoquinadas
están repletas de turistas
que seguro serán amables
si me caigo
no tengo excusas
está nublado
voy a emborracharme.

lunes, 28 de marzo de 2016

Gustavo Gottfried





¿Quién está comiendo mandarinas?
preguntaba la maestra
en algún momento de la clase.


Y pocas veces la descubría
porque mi madre era veloz
para esconder la evidencia


pero no tanto para aceptar
que el olor suntuoso de la fruta
siempre iba a delatarla.


* * * * *


A los 18


En su tiempo libre
por aburrimiento pero más
para ayudar a su familia, mi madre
se emplea como dependienta
en casa Harrods.


Mi madre que ama el chocolate
se encuentra, de pronto
a cargo de la confitería:
un gran salón repleto
de cintas rojas, papeles dorados
y un perfume que lo invade todo
¡pero es tan ajeno!


Y si una barra de chocolate
o uno de estos huevos
de pascua acaso se rompiera
dice la jefa mientras deja
caer algo que pronto le convida.


Cuando recuerda aquél sonido
aquél perfume
mi madre todavía se embelesa
y vuelve a suceder, el accidente.


* * * * *


Los sueños de Mary


…y entonces, les dijo José:
¿No son de Dios las interpretaciones?
Génesis 40:8


Mary era la modista de todos
los vecinos de Villa del Parque.
Les arreglaba la ropa y, a veces
le encargaban un vestido largo
para un quince o un casamiento.


A mi madre, que era tan joven
le atraía la moda: se veía
bellísima en esos modelos
que salían en las revistas.
Por eso decidió ofrecerse
como aprendiz en su taller.


Trabajaron juntas varios años.
Mary fue una amiga y una segunda madre.
Después, la joven aprendiz
terminaría la escuela normal
se recibiría de maestra de corte y confección
daría clases en la escuela secundaria.


Pero lo más raro es que la modista
también interpretaba los sueños
de los vecinos de Villa del Parque.


A Don Víctor, que se vio
en medio de una tormenta
le dijo que pronto iba a necesitar
más que nunca, de su familia.
A la esposa del capitán
que soñaba cada noche
como la envolvía una brillante
culebra, le dijo que el deseo
se vuelve mortífero
cuando lo ignoramos. Y así
a cada uno le revelaba
su propio secreto.


¿Pero quién iba a descifrar
los sueños de la propia Mary?


Nunca nadie supo en Villa del Parque
que después de cerrar el taller
y con el mismo oficio
de quien cose y descose
una prenda hecha de distintas piezas
a los sueños de Mary
los interpretaba mi madre.

* * * * *

El primer empleo


Como tantas jóvenes
de la clase trabajadora
mi madre también iba
a los centros recreativos
de la UES.


En una ocasión
durante una tormenta fuerte
se apareció el general.
Las chicas lo recibieron
formadas en filas
como se hacía en aquella época.


¡Qué lindo día
para chapotear en los charcos!
dijo Perón.
-Usted, porque tiene botas.
Replicó ella desde su sitio.
Y ahí, se produjo un silencio
que él interrumpió enseguida
con alguna broma pero
finalizado el acto, un secretario
se acercó a la muchacha
le preguntó cuál era su urgencia
si necesitaba algo.


Un trabajo, contestó
la que ya era maestra
y que un día, también
iba a ser mi madre.
Como si desde siempre
hubiera esperado esa pregunta.


Lo cierto es que
a los quince días
por debajo de la puerta
de la pequeña casa de Villa del Parque,
el cartero deslizó una hoja
y era su nombramiento.


* * * * *


Corte y confección

En la escuela secundaria
a mi madre le tocaba enseñar
corte y confección. Hiciera frío
o calor, se sintiera bien o mal


siempre se presentaba a dar su clase.
La única excepción eran las fechas judías:
en esos casos la directora aprovechaba
y le ponía la falta. Además, había algo


en su forma de enseñar que
simplemente, no era común.
Mi madre percibía una reprobación
que nunca se ponía en palabras.


Un día vino a la escuela
la inspectora del distrito
y entró a la clase de mi madre.
Las chicas conversaban y reían


mientras, sentadas a sus máquinas
no hacían más que su propia ropa:
dale que dale a la tela
que se derramaba por el piso


ya cubierto por completo de retazos
de distintos colores. Mientras mi madre
iba de un lugar a otro aconsejando
sobre el punto, el corte o el dobladillo


la directora permanecía cerca de la puerta
esforzándose en disimular su mal humor.
Después de observar un rato, la inspectora
escribió el acta y se fue sin decir palabra.


Al final de la clase, mi madre
fue convocada a la dirección.
Detrás de su gran escritorio
la directora la miró, satisfecha.


Juntas, abrieron el libro que
para horror de aquella mujer
y alegría de mi madre, decía:
“En mi visita de hoy a la clase


de Corte y Confección de la Señorita
Profesora Esther Pérez, he visto el trabajo
verdadero en un taller de este tipo.
Mi calificación es diez sobre diez”

* * * * *

Querido Topo Gigio:
me acompañaste
de día y de noche 
en la salud y la enfermedad 
en la tristeza y la alegría.


Con tus grandes orejas
tus finos bigotes
tus ojos soñadores


tu pullover a rayas
tus zapatos rojos
tu pantalón
tus tiradores.


Y aquella manera
tan dulce de hablar
y tu andar etéreo
porque casi flotabas.


Pero tuvimos que sufrir 
el dolor de separarnos
esa tarde en que te dejé

en un tacho de basura
que estaba en la cocina 
por escuchar a los demás.


Fue sólo la primera vez 
que pagué 
un precio excesivo

por el respeto de mi padre 
y de los otros burladores
que no entendían tu presencia
ni el amor que todavía siento.


Adonde quiera que esté 
tu alma de muñeco 
quisiera llegar 
con estas palabras:


Yo ya me perdoné. 
Ojalá vos también
me perdones.


Textos incluidos en libro de próxima aparición..